sábado, 20 de marzo de 2010

Propongo un juego...


Se trata de escribir un cuento entre todos, cada uno una página o capítulo de un posible álbum ilustrado, pasando el relevo al siguiente y así hasta el último, que cierra la historia. Cada uno puede hacer lo que le venga en gana con el relato, introducir personajes, cambiarlos, añadir ilustraciones, lo que sea. Si os apetece jugar, aquí va mi ácaro particular con el inicio del cuento:

"Erase una vez un ácaro que, a pesar de sus más de seiscientos mil millones de hermanos de colchón, se sentía solo y muy desdichado... Una mañana, se descolgó por un cabello hasta la alfombra y se marchó sin despedirse."

Concurso narrativa corta

Estoy asombraíta con tanto talento reconcentrado... y a qué velocidades creáis!

Yo he estado un poco liada preparando mi semana feriante en Bolonia. Me he hecho una tarjetita que dice "ilustradora" y todo (he estado a punto de poner "joven ilustradora", después de ver que para los del concurso de Aurora "caigo" en esa categoría por un par de meses... ¡Qué ilusión!).

Prometo escribir algo a la vuelta... Mientras tanto, aquí van las bases de un concurso que me han enviado esta mañana.

Besos esperanzosos!

http://villadelriocordoba.blogspot.com/2010/02/bases-xx-certamen-de-narrativa-corta.html

jueves, 18 de marzo de 2010

INFORMACION CONCURSO

A ver, xiquets, a quien pueda interesar:

La cadena de tiendas italiana Citta del Sole, organiza anualmente un concurso para ilustradores nacidos después del 74 (yo ya no puedo participar ¿vale? Sin comentarios). Bueno, pues eso, el tema son los 12 meses del calendario y hay que enviar una ilustración original en jpg, explicando cómo sería el desarrollo de la propuesta gráfica para los 12 meses.

Si os interesa, las bases están en www.cittadelsole.com

Un beso, Aurora

miércoles, 17 de marzo de 2010

Fiesta de disfraces (o todos esos seres imperfectos)

Acabo de escribirlo (me he obligado a escribir algo por no fallarme a mí misma... siempre dejo lo de escribir "para cuando tenga tiempo" ag, error gordo). La idea es desarrollarlo un poco más (con más ideas sobre el viaje y todo lo que el personaje se ha perdido). Necesito ideas con el título y el ritmo. Repito demasiado "ese hombre" y... bueno, me callo y lo copio:

Un hombre pensativo que sale por última vez de casa es una metáfora moderna del viaje.
Concentrado en el humo agazapado entre sus dientes, ese hombre que ha soñado con miles de edificios sin ventanas, se aleja cada vez más de lo que uno en verdad es. Alejarse para no caer, vestirse con lo que uno realmente no es.
Un hombre que, empachado de sombra, descubre que no ha visto el círculo que dibujan los senos de una mujer contra el vaho de la ventana.

martes, 16 de marzo de 2010

Paseando contigo

   Es casi una costumbre, me gusta pasear acompañado por ti. Vagar por el laberinto de calles arrastrados por la corriente.
   Cuando el ruido del autobús se acerca hasta nosotros, me paro. Sin poderlo remediar, saltas de ventana en ventana entre los pasajeros. Jajaja, es como ver una película del cinexín a cámara rápida.
   Seguimos paseando. Subimos por una pendiente y te arrugas hasta los talones. La subida te ha dejado como un enano borracho. Sacudes tus brazos al andar sin separarte de mí.
   Con la luz de la mañana bajamos por la avenida. Entonces, te desenrollas como una alfombra para llegar primero a los sitios. Casi pierdo el aliento intentando alcanzarte.
   Me recupero y enciendo mi pipa. Esperas mientras lanzas telarañas voladoras desde tu trompa, yo suelto humo de locomotora.
   Mas tarde, cuento hasta diez y jugamos al escondite: te ocultas detrás de los árboles, te disfrazas de farola y escucho tu risa contenida cuando te encuentro.
   Llegamos a casa. Entramos al oscuro portal y desapareces.
¡Clic!
   Pero siempre vuelves cuando enciendo la luz.

   Este cuento es una idea para álbum ilustrado. Esta explicación sonará como alguien explicando un mal chiste después de ser contado, jejejje…
   Esta semana tengo el ordenata estropeado y no os puedo mandar los bocetos, así que imaginaros vosotros un paseo acompañado por vuestra sombra cuando lo leáis otra vez.
   En los dibujos se vería la sombra del hombre explicando mejor los sucesos de tan divertido trayecto. Espero que me entendáis y no me toméis por Don Quijote.

Fragmentos

No es un cuento para niños, tiene varias lecturas, y puede ser lacrimógeno (aviso a ácaros sensibles). Pero es que la música de Tiersen es lo que tiene, jeje. Me encanta. Os dejo la canción completa. Pertenece a la banda sonora de Goodbye Lenin. (No sé si os lo dije pero soy un friki de las bandas sonoras)
Espero vuestras opiniones.



Fragmentos

No te entretengas y vuelve directo a casa, dice madre.

No importa. Ya buscaré una excusa. Siempre las hay. Si no, la miro en silencio, sin parpadear, y espero. En seguida da media vuelta y sigue con sus faenas. Le incomodan mis ojos callados. Quizás le recuerdan a él.

Lo veo al salir de la tienda. Es diferente a los demás. No sé muy bien por qué me fijo en ese hombre pero lo hago, y comienzo a seguirle. Me atrae su paso tranquilo, el gesto amable. Me gusta su pelo alborotado. Quizás es esa extraña familiaridad la que me invita a acercarme.
De pronto, el viento cambia de dirección empujando el humo de su pipa hacia mi cara. Es un aroma acre con un toque de cerezas negras. Se me humedecen los ojos. Es por el aire, me digo.

Llego tarde pero no pregunta, está muy callada, demasiado. Yo tampoco tengo ganas de hablar. Dejo la bolsa en la cocina y me voy a mi cuarto. Escalo por la estantería hasta alcanzar una vieja caja de latón. Juego con ella entre mis manos y, finalmente, la abro. Allí guardo sus cosas, restos del naufragio de un barco que nunca conocí. Cojo el pañuelo..., un toque de cerezas negras... Mis ojos vuelven a humedecerse, pero esta vez no hay aire.


NiñoCactus

Taxi

El taxi circulaba demasiado despacio y ella empezaba a ponerse nerviosa. Quizás no llegara al aeropuerto a tiempo para recoger a su marido. Quería darle una sorpresa y no le había comentado nada. Le quedaban todavía tantas cosas por hacer: comprar las bebidas para la cena, el postre, el pan -a su amiga le gustaba comer con pan. Aunque disfrutaba cocinando para sus amigos, tal vez no había sido buena idea organizar una cena en casa un día como aquel.

Paseó la mirada por la acera. Un hombre mayor caminaba despacio mientras sujetaba una pipa en la boca. Se acordó del profesor Balcells, tal cual lo dejó veintitantos años atrás. Con su poblada cabellera blanca, su tez curtida y su pipa. Las gafas, es verdad, sólo se las ponía para leer.

Acompañó a aquel hombre con la mirada entre los coches aparcados, se quedó en sus movimientos. El pensamiento se le enganchó en el humo de su pipa y, mecida por la nostalgia, recordó las clases de semántica con el viejo profesor; los ejercicios de traducción, que siempre le devolvía sembrados de cruces rojas y tachones interminables; los exámenes de gramática... Pero, sobre todo, pensó en los deliciosos conciertos de música clásica, donde desgranaba melodías como quien cata un vino, sin intentar hacerlas comprensibles, paladeando pocos a pocos. Amamos la música porque no podemos entenderla, —¿quién lo dijo?—.

Después del último examen jamás volvió a verle, se marchó sin despedirse, dejó tantas cosas en el tintero que acabó por olvidarlas.

Mientras el taxi se desperezaba de un semáforo, se dió cuenta. La semántica se perdió a la vuelta de la esquina. De la gramática sólo quedó un vago recuerdo. La traducción con los años se fue oxidando como la cadena de una bicicleta abandonada. Pero la música seguía ahí. Para lo que hiciera falta. Y ella no le había dado las gracias.

El hombre de la calle aspiró su pipa y, sintiendo su mirada, se la devolvió.

Por un segundo, se le perdió el tiempo. Sonrió. El taxi volvió a ser un coche camino del aeropuerto.

sábado, 13 de marzo de 2010

Haciendo los deberes

Esta es mi particular visión sobre el vídeo de Jacques Derrida (o al menos, la primera que me viene a la cabeza):

CASI TREINTA AÑOS

Siempre salía de casa a la misma hora camino del trabajo. Llevaba ya casi treinta años haciéndolo.
- Buenos días, Don Tomás, - le saludaba la portera cada día.
- Buenos días, Doña Antonia, - contestaba él.
Al salir a la calle encendía su pipa, siempre el mismo ritual, y emprendía el trayecto. Estaba seguro de que, Dios no lo quisiera, si se quedara ciego, podría recorrerlo a oscuras hasta el final, sin ningún tropiezo. Conocía cada farola, cada banco, cada semáforo, cada árbol, cada puerta... hasta cada adoquín suelto o mal colocado en el suelo.

Cada día saludaba con un gesto de cabeza al dueño del bar, que tras el cristal le devolvía el saludo con la mano, mientras se afanaba en la barra con los primeros cafés; cada día compraba el periódico en el kiosko de Cosme, el de la esquina, mientras mirando al cielo, vaticinaban el tiempo que iba a hacer hoy; cada día aspiraba con fuerza el aroma a pan recién horneado al pasar por delante del horno.

Siempre idéntico recorrido, cruzando las calles por los mismos lugares, girando en las mismas esquinas, sorteando los mismos parterres..., día tras día, sin el más mínimo cambio durante casi treinta años.

Casi treinta años desde que se cruzara con ella, un solo instante, una mañana como cualquier otra. Apenas recordaba su cara ¿Cómo era su pelo?¿Cómo iba vestida? No sabría decirlo, pero cada mañana, desde hacía casi treinta años, buscaba sus ojos durante el trayecto, esperando volver a verla.

viernes, 12 de marzo de 2010

jueves, 11 de marzo de 2010

Guiones de diálogo

Igual os pasa un poco como a mí: cada vez que escribo un diálogo y tengo que usar guiones me entran mil dudas. ¿Dónde pongo el punto? ¿Cuándo uso mayúscula?
Os dejo un enlace muy sencillo con los usos más frecuentes de los guiones de diálogos.
Espero que os sirva.

miércoles, 10 de marzo de 2010

A petición de Uxue...

- ¡Estoy harto! ¿Me oyes? ¡Harto! - gritaba hecho una furia mientras recorría la cocina. - Todo el día menospreciándonos con esa maldita frase hecha - repitió. De repente se paró en seco. Había visto la luz -. ¿Pues sabes qué? Que yo también sé inventar frases ¡Me importa un humano lo que opinen! ¡Ja! ¿Qué te parece? ¡Los cominos también sabemos insultar! Éstos bípedos se van a enterar de lo que vale un peine...

- ¡Eh! ¡A ver qué decimos! - exclamó una voz desde el cuarto de baño.

- Nada, nada - susurró el comino que, compungido, se escondió.

Comino y su DESEO gigante

Hola acarísimos, aquí os dejo mi cuentecillo. Al principio no sabía muy bien qué contar y ya veis, me habéis regalado unas palabras preciosas para la imaginación. Gracias.

Quería escribir algo para álbum infantil. Espero haberlo logrado.

Prometo dejar comentarios en vuestros cuentos durante esta semana. Sois estupendos.

Y para la que viene tenemos el vídeo de Uxue. A ver qué se nos ocurre.


Comino y su deseo gigante


Comino era tan chiquito, tan chiquito, que para él las estrellas estaban mucho más lejos que para el resto de la gente.

(Así comenzaba la historia... Siento quitarla del blog pero quería moverla un poco e igual me ponen pegas si está aquí publicada. Abrazote).


NiñoCactus

Demasiado largo para un album ilustrado...

pero allá va lo que acabo de terminar.
Espero vuestros comentarios, gracias por leer.

Lula
Lula vivía en una caja de hojalata. Desde que una trucha saltarina se comió una de sus alas transparentes, no podía volar. La niña la había recogido a la orilla del río y la había cuidado como si fuera una más entre sus muñecas. La acomodó en la caja de hojalata, una vieja caja de Cola Cao, naranja con lunares blancos. Algunas noches, la niña dejaba la tapa medio abierta y Lula recibía la visita de la vieja araña azul. La primera vez que vino, le asustó un poco con su cuerpo peludo. Luego se dió cuenta de que la araña simplemente se sentía sola. Venía a cada poco y se sentaba en el borde de la caja. Lula le hablaba de su vida en el bosque, de cómo le echaba carreras al río y hacía dibujos en el lago. La araña la miraba con ojos grandes y pintaba una sonrisa de oreja a oreja en su cara sin orejas. Se había pasado toda su vida tejiendo y tejiendo, sin mirar más allá de su tela.

Una noche, mientras caminaba en equilibrio por el borde de la caja, Lula le contó con voz apagada:
"Mañana se enciende la primavera. Cuando vivía en el río, cada año mis hermanos y hermanas bailaban la danza del aire para encender la primavera. Bailaban y tocaban una por una a todas las flores para despertarlas. La última vez que les ví hacerlo prometieron que al año siguiente podría bailar con ellos. Ya sé que nunca bailaré la danza del aire, pero, si al menos pudiera volver a
verles bailar!"
A Lula se le escapó una lágrima. La lágrima le cayó a la araña. La araña no dijo nada.

"¿Sabes? Una vez la niña me contó que si deseas algo de verdad, con todas tus fuerzas, se hará realidad. Yo deseo volver a volar, lo deseo de verdad. ¿Me entiendes?"

La araña no contestó, nunca contestaba. Se dio la vuelta y se marchó hacia su telaraña.

"¿Por qué no me hablas? ¿Es que no me crees? Vete, sí, vete a tejer, eso es lo único que sabes hacer ."- gritó Lula enfadada.

Al día siguiente, al despertar, Lula descubrió, apoyadas en la caja, unas alas blancas. Eran mucho más grandes que las suyas, pero no pesaban nada. Se las ató, una de ellas al ala que le quedaba. La otra, a sus patas. Con mucho trabajo, consiguió elevarse por el aire. Voló y voló veloz hacia el río a buscar a sus hermanos. Aquel día Lula pudo encender la primavera como había soñado, volvió a sonreir, feliz de estar de nuevo con sus hermanos, con sus amigos, en su bosque de siempre, en su río y su lago.
Y mientras volaba sobre el río, de pronto se acordó de la araña azul. La echó de menos, se sintió triste por lo que le había dicho y quiso ir a contarle que era cierto lo que la niña le había contado. Que su deseo se había hecho realidad y ahora tenía unas alas blancas con las que volvía a volar veloz como el viento.
Voló hacia la casa, entró por la ventana y buscó a la araña. De pronto, notó un agujerito dentro. Primero era un agujerito pequeño, del tamaño de la punta de un alfiler.
Siguió buscando, entró en la habitación de la niña. Pero no encontró a la araña. El agujerito creció, ahora era del tamaño de una cabeza de alfiler.
Se acercó entonces a la caja de hojalata, se posó en el borde y buscó dentro, pero no encontró a la araña. Ahora el agujerito era del tamaño de un comino.

"¿Buscas a la araña?"-preguntó de pronto una pulga.-"Desapareció. Anoche se puso a tejer, la ví tejer como nunca antes la había visto. Tejió y tejió durante toda la noche hasta que se quedó sin hilo y sin fuerzas. Y entonces desapareció".

A Lula se le escapó una lágrima. La lágrima le cayó a la pulga. La pulga le gritó desde el
fondo de la caja: "!Eh! ¡Señorita de altos vuelos, ¿quién te has creído que eres?! ¡Ten más cuidado con lo que lloras!"

Lula se miró el agujerito del tamaño de un comino. Le molestaba volar con un agujerito tan grande. Así que guardó ahí a su amiga, la araña azul. Desde entonces, siempre la lleva consigo, a echar carreras al río y a dibujar en el lago.

martes, 9 de marzo de 2010

Esta juventud...

Después de semejante golpe, el molino esperaba algo. Lo que fuera. Pero lo único que hizo aquel hidalgo de la Mancha fue irse derrotado por donde había venido, sin mediar palabra, sin siquiera una triste disculpa, dejando atrás un molino enfurruñado y con una abolladura.

El experimento del doctor Morelli

Aquí mi binomiado acaricida... comentad sin escrúpulo. Sé que no es para un libro álbum pero me gustó para un relato juvenil:
El experimento del doctor Morelli
  El viento hacía girar las enormes aspas y movía las tripas del viejo molino. Los brazos eólicos generaban la suficiente electricidad para el experimento final. En el interior del improvisado laboratorio, la energía estática hacía que la hojarasca se elevara danzando por las escaleras. Tras varios intentos, Arturo Morelli había encontrado la solución para que su obra estuviera terminada; con su afilado escalpelo, trazaba una entrada en el pecho del cadáver.
  Había probado con diversos corazones. Todas las pruebas fallidas no aguantaban ni un par de segundos con vida. «Esta vez lo lograré» se decía el doctor. Con un tensor metálico abría las entrañas del cadáver.

  El cuerpo sin vida de Francisca descansaba sobre la camilla. Su rostro estaba marcado por el sufrimiento de otras vidas. Morelli acercó la lata de conservas esterilizada al pecho de la difunta. La lata estaba caliente, de su interior salía un débil tamborileo mecánico.
  La operación se hizo larga y sufrida, como el trabajo bien hecho. Morelli conectó las arterias principales al corazón de hojalata. El flujo de la sangre empezó a resucitar. Cosiendo y remendando el cuerpo terminó la obra. El latir era débil, casi inexistente.
  La dinamo central del molino escupía arcos eléctricos en las sombras. Unos largos cables, conectados al cuerpo de Francisca, llegaban hasta la pequeña tormenta almacenada por el molino. El doctor Arturo Morelli bajó la palanca de descarga.


¡FSSSSIIIIIIIUUUMMMMPPP!


  Olor a carne quemada, silencio… Los parpados de Francisca temblaron antes de abrirse a la vida.
  —¿Arturo? —preguntó la mujer con un hilo de humo entre los labios.
  —Francisca, vida mía.
  —Arturo… ¿dónde estoy?
  —Tranquila, no te preocupes amor. Todo está bien.
  —Recuerdo que —dijo la resucitada mientras su cerebro movía los engranajes de la memoria—… ¡me rompiste el corazón!
  —Sí, pero no volverá a ocurrir. Tienes que perdonarme.
  El corazón de hojalata no entendía de perdón, ni de amor; sólo de pimientos morrones.

Nuevo ejercicio de gimnasia para ácaros

Hoy me habéis pillado trabajadora.
Acabo de ver un vídeo de Jacques Derrida que me ha pasado Mikel (cómo no, de filósofos tenía que ir la cosa). Se trata de un paseo que tiene como fondo la música de Yann Tiersen. Creo que podría ser un buen ejercicio que escribiéramos aquello que el vídeo nos sugiere, que pensemos en qué se le cruza por la mente o que cambiemos de perspectiva y sea el cámara quien narre algo... bueno, ¡lo que os apetezca!

Os copio aquí el enlace:

TEXTOS ACARICIANTES

Como alguien tiene que romper el hielo, aquí tenéis mi relato. Quería que fuera un texto para un libro-álbum, pero, al final, no sé exactamente qué es.¡Las palabras me han llevado a esto! Se aceptan críticas constructivas (al que se pase de cruel me lo cargo con un acaricida, así que, ojito).
Un besazo, nanos.
Uxue

COSAS QUE CRUJEN

Al principio, todo fue cuestión de azar. Recuerdo que alguien se encaramó al alfeizar, otro empujó la ventana y, huyendo de aquel calor imposible, decidimos inspeccionar el molino. Charlie nos había prometido que encontraríamos piezas de hojalata con las que construir mi armadura. Y, claro, siempre tenía razón. Una vez tuvimos una discusión sobre por qué él era el guía de todas las expediciones y no hubo ninguna duda; sólo él había obtenido un diez en el examen de la señora Sullivan. En realidad, nadie había visto la nota, pero si Charlie decía que así era, no había más que hablar. Nadie se atrevió a llevarle la contraria y yo me encogí de hombros.

Aquella tarde me sudaban mucho las manos. El ambiente era pegajoso y la mochila, llena de palos y piedras que habíamos ido encontrando en el camino, se mezclaba con una película muy fina de chocolate que había comenzado a derretirse en su interior. Impacientado, Charlie se había adelantado un tramo y volvió triunfante a enseñarnos su hallazgo. Alguien había dejado un saco a medio cerrar y, ahora, todas las hormigas se turnaban en una hilera infinita, como si el hormiguero estuviera a varios kilómetros de distancia. Me imaginé a la hormiga reina, sebosa, rodeada de arroz, avena y comino, y sentí náuseas.

- Seréis nuestras esclavas- afirmó Charlie. Y, cogiendo una hormiga, la hizo crujir bajo sus dedos. Creo que fue entonces cuando empezó aquel sonido.

La tarde se tiñó de una piel densa y roja y comencé a preguntarme por qué no me había quedado en casa. Era como si algo estuviera a la espera. Pensé en la abuela preparando las tostadas del desayuno. En momentos de peligro, siempre pensaba en la abuela para tranquilizarme, pero esta vez no me sirvió de nada.

Justo antes de que se apagaran las luces, descubrimos un cartel de “PROHIBIDO EL PASO” y pensé por primera vez en quedar como un cobarde y salir corriendo, pero Charlie ya había empujado la puerta. Algo que me fastidiaba mucho era su manía de querer ser siempre el valiente, el primero en probar todo. En aquel momento lo odié con todas mis fuerzas. El idiota de Charlie.

No tuve tiempo de gritarle nada. Primero, nos sobrevino una luz azul e inmediatamente después, un zumbido casi metálico, insoportable y, de golpe, el respirar de mil libélulas bajo tierra.

Busqué a Charlie. Estaba en medio. Solo. Inmóvil. Rodeado de libélulas. ¡Corre! ¡Correeee! , quise decir mientras me lanzaba hacia la salida.

Lo último que recuerdo son sus lágrimas explotando contra todas aquellas alas diminutas.


sábado, 6 de marzo de 2010

Proyecto pendiente

Tenemos en el tintero "la guia ilustrada para guardabosques"o como la llamemos (deberiamos tener unas iniciales que sean graciosas, ¿no?); he visto el trabajo de una ilustradora con una forma muy atrayente para hacer mapas...(ejemplo a la izq). Creo que este ejemplo nos proyectará una imagen mas cercana al futuro álbum.
Así tambien, quiero que apunteis todo lo que se os ocurra para añadir o desestimar. Os sugiero que echeis un vistazo a cualquier guía de rutas antes de empezar...
Debríamos hacer primero los apartados (ejemplo: rutas, anuncios, interes turistico, dificultad, etc...), y luego clasificar las ideas dentro de estos apartados. Nombrar los cuentos donde aparezcan bosques para poder usarlos como rutas. Por algo hay que empezar...
Aquí os dejo una copia de un libro de rutas por el bosque para que os sirva de ejemplo:
PD: No sé si este Blog es público, tal vez no debría usarlo para exponer la idea, decidme que pensáis.
Un abrazo con olor a casita de chocolate
Rubén

Cosas a tener en cuenta en un libro álbum

Mis muy ácaros míos:
No se si recordareis el libro de Uri Shulevitz que había entre la montaña de libros álbumes. Arianna nos comentó alguna de las obras de este autor...
Bueno al grano, he encontrado un blog donde comenta una charla con Uri, donde se comentan los pasos a seguir en la construcción de un álbum. Creo que esta lleno de buenos consejos. Aquí os dejo el enlace para que lo leáis:
http://chibibotoillustration.blogspot.com/2005/09/los-diez-mandamientos-de-uri-shulevitz.html

martes, 2 de marzo de 2010

AGUIJÓN

Aguijón para quien lo quiera tomar:
- Arador del queso: Ácaro diminuto que vive en el queso rancio.
Todos los Ácaros son diminutos, ¿no?
Si alguien ve un Ácaro del tamaño de un niño de cinco años, que avise, por favor.
Me equivoqué de oficio: ahora querría ser embalsamador de Ácaros, que no es como ser ilustrador o escritor, pero casi.
Un saludo,

L'air absent

Binomiando fantásticamente

Propongo gimnasia para ácaros.

Y, siguiendo con los binomios de Rodari en su Gramática de la fantasía, nada mejor que un nuevo ejercicio.
Cada uno pone su palabra en los comentarios. Nos damos más o menos una semana para escribir o ilustrar lo que se nos ocurra. Y luego hablamos. Puede ser un cuentecillo completo, un esbozo, una ilustración... Lo importante es ejercitar el imaginario. Lluvia de ideas.

Pues eso: propongo que nos dejemos mojar.

¿Os apetece?

"Una historia sólo puede nacer de un «binomio fantástico» (...) Es necesaria una cierta distancia entre las dos palabras, que una sea suficientemente extraña a la otra, y su unión discretamente insólita, para que la imaginación se ponga en movimiento, buscándoles un parentesco, una situación (fantástica) en que los dos elementos extraños puedan convivir”

(Ya puse la mía, y no es botijo)

lunes, 1 de marzo de 2010

El complot de los Ácaros

Estaban en todas partes: en los pelos del caracol astrólogo, midiendo la velocidad del viento dentro del botijo o vigilando al camaleón comedor de estrellas. Los podías sorprender trasteando con una cometa, investigando una escopeta o intentando convencer a un ganso de que les dejara ir en su lomo, todo para encontrar la forma de llegar al gran colchón del cielo. En una ocasión, incluso trataron de crear sus propias constelaciones con una sartén y una vela.

Estaban en todas partes. Era una conspiración. Era el Complot de los Ácaros.